El almacenamiento externo y extraíble ha sido la piedra angular del intercambio de software, la distribución de sistemas operativos y la realización de copias de seguridad desde los albores de la informática. Esta vitrina presenta un viaje tecnológico que abarca más de medio siglo: desde el registro mecánico de datos sobre cartulina perforada con apenas 80 caracteres por tarjeta, pasando por la hegemonía del soporte magnético flexible (los disquetes de 8“, 5¼”, 3“ y 3½”), las soluciones magneto-ópticas y de alta capacidad de los años 90 (Zip, LS-120, Jaz), la consolidación del disco óptico por láser (CD y DVD), hasta la revolución de la memoria de estado sólido en formato Flash (CompactFlash, SD y llaves USB).
| Nº | Formato / Modelo | Familia Tecnológica | Año de Aparición | Capacidad Típica | Principio Físico / Mecanismo |
|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Tarjeta Perforada | Papel / Cartulina | ~1960s (auge micro) | 80 caracteres (bytes) | Presencia/ausencia mecánica u óptica de orificios |
| 2 | Disquete de 8“ | Magnético Flexible | 1971 | 80 KB - 1.2 MB | Superficie de óxido de hierro, funda flexible de vinilo |
| 3 | Disquete de 5 ¼” | Magnético Flexible | 1976 | 110 KB - 1.2 MB | Giro a 300/360 RPM, ventanilla de lectura abierta permanente |
| 4 | Disquete de 3“ (Compact Floppy) | Magnético Flexible | 1982 | 140 KB - 360 KB | Cartucho rígido, compuerta corredera (Amstrad, Spectrum +3) |
| 5 | Disquete de 3 ½” | Magnético Flexible | 1984 | 720 KB - 1.44 MB | Carcasa rígida de policarbonato, compuerta metálica automática |
| 6 | Iomega Zip 100 | Magnético / Magneto-óptico | 1994 | 100 MB | Sustrato ultrafino a 3.000 RPM, servoposicionamiento inductivo |
| 7 | Disquete LS-120 (SuperDisk) | Magneto-Óptico / Híbrido | 1996 | 120 MB | Pistas microscópicas guiadas por láser y cabezal magnético |
| 8 | Iomega Jaz | Cartucho Disco Duro Extraíble | 1996 | 1 GB / 2 GB | Dos platos rígidos internos tipo Winchester a 5.400 RPM |
| 9 | CD-ROM | Óptico (Láser Infrarrojo) | 1982 (Norma Roja/Amarilla) | 650 - 700 MB | Policarbonato inyectado con pits/lands leídos por láser 780 nm |
| 10 | DVD-ROM | Óptico (Láser Rojo Visible) | 1995 | 4.7 - 8.5 GB | Pits más densos, láser 650 nm, opción de doble capa |
| 11 | Tarjeta CompactFlash (CF) | Memoria Flash (NAND/NOR) | 1994 | 2 MB - Multi-GB | Celdas de compuerta flotante, interfaz ATA/IDE embebida |
| 12 | Tarjeta SD (Secure Digital) | Memoria Flash (NAND) | 1999 | 512 MB - Multi-GB/TB | Arquitectura de bus serie de alta velocidad (SDIO/SPI) |
| 13 | Memoria USB (Pendrive 1GB) | Memoria Flash (NAND) | 2000s | 1 GB (y superiores) | Controlador flash integrado sobre interfaz universal USB |
Heredera directa de los telares mecánicos de Jacquard de principios del siglo XIX y perfeccionada por Herman Hollerith para el censo de EE. UU. de 1890, la tarjeta perforada fue el medio universal indiscutible para alimentar datos y programas a los grandes mainframes y sistemas de cálculo de las universidades e industrias durante las décadas de 1950, 1960 y 1970. En la Escuela y en los centros de cálculo de la época, los operadores y estudiantes introducían sus rutinas en paquetes clasificados de tarjetas perforadas en lenguajes como FORTRAN o COBOL.
Cada columna de la tarjeta representaba un único carácter mediante un código de perforaciones (el código Hollerith). Si un programa constaba de mil líneas de código, requería un bloque ordenado de mil tarjetas. Una caída accidental del fajo de tarjetas alteraba el orden del programa, obligando a los programadores a marcarlas secuencialmente en el lomo con rotulador para poder reconstruirlas.
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Desarrollado inicialmente por IBM como el medio para cargar de forma rápida el microcódigo de control (*Initial Program Load*) en los ordenadores centrales del sistema IBM System/370. Rápidamente fue adoptado por el sistema operativo CP/M a finales de los años 70, convirtiéndose en el primer estándar de almacenamiento masivo portátil comercial antes del despegue masivo del PC doméstico.
Un disco flexible de material plástico (*Mylar*) recubierto de partículas magnéticas de óxido férrico dentro de una funda flexible de plástico forrada internamente con tejido de tela sintética que reducía la fricción y limpiaba el polvo de la superficie al girar. Requería disqueteras mecánicas de gran tamaño y peso considerable con motores de tracción directa o por correa.
Soporte magnético utilizado en los miniordenadores de la serie PDP-11. Utiliza el formato de simple cara y doble densidad, lo que otorga una capacidad física de 512 KB en total. Descontando el espacio del sistema, ofrece 487 KB de espacio útil para ficheros de usuario (no tenía soporte de directorios).
Diseñado a petición de los fabricantes de ordenadores que consideraban las 8 pulgadas excesivamente grandes para los nuevos microcomputadores de sobremesa. El disquete de 5¼ fue el estándar definitivo que acompañó el nacimiento del IBM PC 5150 en 1981, al Apple II, al Commodore 64 y a los primeros compatibles PC/XT y AT durante toda la década de 1980.
El disco de Mylar gira dentro de una funda de plástico sellada térmicamente. A diferencia de los modelos posteriores, el orificio de acceso del cabezal de lectura/escritura estaba permanentemente abierto y expuesto a los dedos y al polvo, lo que exigía guardarlos siempre en fundas de papel. La muesca lateral izquierda permitía bloquear la escritura si se tapaba con una pegatina opaca; en los discos de una sola cara, los usuarios solían troquelar manualmente una muesca en el lado opuesto (*flippy disk*) para aprovechar el reverso.
Soporte magnético flexible de 5¼ pulgadas (floppy disk) comercializado por la marca IMC, modelo CT-2HD5. Se trata de un disco de doble cara y alta densidad (Double Side / High Density), con una densidad de grabación de 96 TPI (pistas por pulgada). Este formato alcanzaba una capacidad formateada típica de 1,2 MB.
A principios de los 80, varios fabricantes japoneses intentaron imponer este formato compacto frente al estándar que Sony estaba desarrollando en 3½. Aunque fracasó en el mercado de compatibles PC, triunfó de forma arrolladora en Europa gracias a que Alan Sugar (Amstrad) adquirió enormes lotes a muy bajo coste para incorporarlos de serie en sus ordenadores Amstrad CPC y, posteriormente, en el ZX Spectrum +3 tras la compra de Sinclair.
Fue un salto cualitativo en durabilidad: el medio magnético estaba totalmente protegido dentro de una carcasa de plástico azul o negro indeformable con compuerta automática metálica. Para acceder a la otra cara del disco, el usuario debía extraerlo y darle la vuelta físicamente en la disquetera (denominadas caras A y B independientes).
Disquete utilizado originalmente en un microordenador Amstrad CPC 6128. La unidad interna de este sistema operaba con un único cabezal de lectura/escritura (simple cara), por lo que para aprovechar todo el disco era necesario extraerlo y darle la vuelta manualmente.
Cada lado funcionaba como una unidad independiente (Cara A y Cara B), con una capacidad de 180 KB brutos por cara (unos 178 KB útiles formateados bajo AMSDOS/CP/M, sumando un total de 360 KB entre ambos lados). La unidad en vitrina se expone mostrando la Cara A, identificada con la etiqueta manuscrita de época “PROYECTOS”.
Es el disquete por antonomasia de la historia informática (inmortalizado para siempre como el icono universal de “Guardar”). Popularizado inicialmente por el Apple Macintosh en 1984 y los ordenadores de 16 bits de consumo (Amiga, Atari ST), se convirtió en el estándar absoluto para PCs a partir de 1987 con el lanzamiento de la gama IBM PS/2 y el auge de Windows 3.11 y 95.
Introdujo un anillo metálico central de arrastre que eliminaba los fallos por deslizamiento del eje de giro que sufrían los discos de 5¼. Incorporaba una compuerta metálica de retorno por muelle que solo se abría al entrar en el interior de la unidad, garantizando una protección total contra huellas dactilares y suciedad, además de una ventanilla de protección contra escritura mediante un interruptor plástico deslizable (sin necesidad de adhesivos).
A mediados de los 90, los archivos multimedia y los instaladores de software desbordaron por completo el límite de 1.44 MB del disquete tradicional. El Iomega Zip irrumpió en el mercado como el rey de las copias de seguridad domésticas y profesionales, ofreciendo la capacidad equivalente a unos 70 disquetes convencionales en un cartucho solo ligeramente más grueso.
Aunque externamente parecía un disquete de 3½ grueso, en su interior utilizaba un sustrato magnético flexible de altísima calidad girando a diez veces la velocidad de un disquete normal. Los cabezales inductivos flotaban sobre una finísima capa de aire (efecto Bernoulli), lo que permitía densidades de pista muy superiores sin contacto físico destructivo.
El LS-120 nació con una promesa revolucionaria: sustituir por completo a la vieja disquetera de PC de 1.44 MB gracias a su bahía híbrida capaz de leer tanto los disquetes antiguos de toda la vida como sus propios cartuchos especiales de 120 MB. Aunque fue incluido de serie por marcas como Compaq en estaciones de trabajo y portátiles, el coste de sus consumibles y el rápido empuje del CD grabable limitaron su éxito comercial.
El prefijo “LS” proviene de *Laser Servo*. El cartucho utiliza un disco magnético de partículas metálicas de muy alta densidad, pero las pistas de datos están delimitadas por surcos grabados ópticamente con un láser de precisión. La unidad utiliza un haz óptico únicamente para guiar al cabezal con tolerancia micrométrica mientras un cabezal magnético convencional escribe y lee los datos.
Frente a la gama Zip orientada al usuario doméstico, el Iomega Jaz fue la herramienta reina del diseño gráfico, la producción de audio digital, la edición de vídeo y las artes gráficas de finales de los noventa. Permitía a los estudios transportar proyectos enteros de varios cientos de megabytes de una máquina a otra a velocidad comparable a la de un disco duro interno.
A diferencia de los disquetes flexibles, el cartucho Jaz albergaba en su interior dos platos rígidos de disco duro Winchester montados sobre un eje sellado. La unidad lectora contenía el motor y los delicados cabezales Voice-Coil electromagnéticos que se introducían dentro del cartucho al insertarlo, alcanzando prestaciones idénticas a las de un disco duro fijo convencional.
El salto al CD-ROM transformó la industria del ordenador personal en los años 90, inaugurando la llamada “era multimedia”. Los videojuegos abandonaron los pitidos del altavoz interno para incluir bandas sonoras orquestales grabadas y secuencias cinematográficas de vídeo, haciendo nacer enciclopedias interactivas (como Microsoft Encarta) y paquetes ofimáticos completos en un solo soporte.
La información se almacena en una única pista en espiral continua de casi 5 kilómetros de longitud formada por hendiduras microscópicas (*pits*) y zonas planas (*lands*) moldeadas sobre el policarbonato y recubiertas por una fina película de aluminio reflectante. Un diodo láser infrarrojo enfoca sobre la pista y un fotodiodo lee los cambios de fase y dispersión de la luz reflejada para interpretar ceros y unos sin desgaste mecánico por contacto.
El DVD (*Digital Versatile Disc*) unificó por primera vez a la industria cinematográfica de Hollywood y al mundo de la informática bajo un mismo soporte físico. A finales de los 90 y principios de los 2000 desplazó por completo a las cintas de vídeo VHS y multiplicó por siete la capacidad del CD-ROM, permitiendo la instalación de sistemas operativos modernos masivos y juegos 3D de alta definición.
Utiliza un rayo láser de longitud de onda más corta (650 nm en el espectro rojo visible frente a los 780 nm infrarrojos del CD) y una lente de mayor apertura numérica. Esto permitió reducir el tamaño de los orificios (*pits*) a la mitad y estrechar la distancia entre pistas contiguas, logrando cuadruplicar la densidad física superficial de datos sobre el mismo diámetro de 12 centímetros.
Fue el estándar que impulsó la primera gran oleada de fotografía digital profesional (cámaras réflex DSLR de Canon y Nikon), los primeros ordenadores de mano tipo PDA (Pocket PC) e instrumental de diagnóstico industrial. Su arquitectura robusta y su velocidad la convirtieron durante años en el medio no volátil más fiable del mercado.
A diferencia de otras tarjetas de memoria simples, cada tarjeta CompactFlash integra en su interior un controlador de disco completo con arquitectura IDE/ATA. El ordenador o la cámara no ven a la tarjeta como un chip de silicio suelto, sino como un disco duro mecánico virtual que gestiona por sí mismo el direccionamiento de bloques lógicos (LBA) y el reparto de desgaste de las celdas de silicio (*wear leveling*).
Nacida como una evolución de las antiguas tarjetas MMC (*MultiMediaCard*), la tarjeta SD se convirtió a comienzos del siglo XXI en el formato de memoria flash para dispositivos portátiles más extendido del planeta. Colonizó cámaras compactas, consolas de videojuegos portátiles (Nintendo DS, Wii), teléfonos móviles (a través de su variante microSD) y receptores GPS.
Alberga en un encapsulado sellado un controlador electrónico y chips de memoria semiconductora NAND Flash. La información se almacena en millones de celdas basadas en transistores de puerta flotante (*Floating Gate MOSFET*) donde los electrones quedan atrapados por efecto túnel mecánico cuántico, reteniendo su carga durante décadas sin necesidad de batería o suministro eléctrico.
El pendrive o memoria USB fue el “verdugo” definitivo que mandó al disquete al museo. Al no requerir lectoras especializadas, tarjetas controladoras adicionales ni bahías externas —gracias a la omnipresencia de los puertos USB rectangulares en todos los ordenadores desde el año 2000—, cualquier usuario pudo empezar a transportar en el bolsillo el equivalente a cientos de disquetes o CDs completos con solo enchufar y listo.
Un diseño sumamente eficiente integrado sobre una pequeña placa de circuito impreso protegida por plástico o metal: