A finales de la década de los 70 y durante los primeros años de los 80, la informática vivió una auténtica revolución de carácter artesanal y descentralizado. Antes de que los ordenadores personales se convirtieran en electrodomésticos cerrados y de consumo masivo, el nacimiento de la microcomputación estuvo impulsado por ingenieros entusiastas, radioaficionados y hackers que veían en los primeros microprocesadores (como el MOS 6502, el Motorola 6800 o el mítico Zilog Z80) una herramienta de emancipación tecnológica.
En aquella época dorada, era habitual que los ordenadores no se compraran montados en una tienda, sino que se adquirieran en formato de kit para ensamblar. Estos kits venían en una caja que contenía la placa de circuito impreso (PCB) virgen, un puñado de circuitos integrados, resistencias, condensadores y un soldador como principal herramienta de trabajo. El usuario debía pasar horas soldando cada componente, doblando pines y revisando esquemas eléctricos antes de poder ver una línea de código en pantalla.
Esta filosofía “hágalo usted mismo” (DIY) dio lugar a auténticas joyas de la ingeniería popular. Muchos de estos equipos ni siquiera venían con carcasa o teclado integrado; utilizaban un tablero de madera, un teclado hexadecimal rudimentario y visores de 7 segmentos o televisores domésticos modificados como monitor. El Junior Computer, protagonista de esta vitrina, es un magnífico exponente de esta filosofía: una máquina diseñada para acercar el funcionamiento interno del hardware y el lenguaje máquina directamente a las manos de sus creadores y estudiantes.
La fascinante historia de este equipo hunde sus raíces en el año 1980, coincidiendo con el lanzamiento de la edición española de la prestigiosa revista de electrónica “Elektor” (que se vendía por aquel entonces a 450 pesetas). En sus páginas se anunciaba el desarrollo por entregas de una serie de microcomputadores avanzados, entre los cuales destacaba el “Junior Computer”, un ordenador basado en el microprocesador Rockwell 6502 y diseñado con la misma filosofía que el célebre equipo industrial AIM 65.
A lo largo de los sucesivos números de la revista, la publicación fue desgranando los esquemas, los diseños de los circuitos impresos (PCB) y las tarjetas que componían el sistema de forma modular: la CPU, la memoria RAM, los subsistemas de vídeo y las tarjetas de entrada y salida.
Entre los años 1983 y 1984, Jesús Fuentes Garví, licenciado en Física y Química, Catedrático de Educación Secundaria y apasionado de la tecnología —además de cursar los estudios de Ingeniería Técnica Industrial en Albacete entre 1979 y 1982—, decidió junto a sus hermanos Carlos y Pepe llevar este ambicioso proyecto a la práctica. El objetivo era construir tres ordenadores idénticos, uno para cada hermano.
El proceso de construcción estuvo marcado por el ingenio y el esfuerzo de la filosofía de “reutilización extrema”:
El proyecto requirió una inversión económica muy importante en componentes electrónicos y una dedicación constante, que se prolongó hasta la llegada de los primeros PC personales comerciales, ya que continuamente se estaba mejorando. Para cuando los equipos estuvieron totalmente finalizados, el mercado tecnológico había cambiado radicalmente: los ordenadores compatibles con IBM y los precios económicos de la competencia inundaban el mercado. El punto de inflexión definitivo llegó cuando Jesús compró a sus hijos, Jesús y Ana, un flamante Amstrad PC1512.
Hoy en día, los esquemas originales, los apuntes técnicos, los programas en papel y los fotolitos de aquellos circuitos impresos se conservan intactos en el despacho que perteneció a Jesús Fuentes Garví, un verdadero pionero que supo transmitir su pasión por la ciencia, la investigación y la informática a su familia.
A comienzos de los años 80, la revista de electrónica “Elektor” se convirtió en la biblia de los entusiastas de la microinformática en Europa. Con el lanzamiento de la edición en español, la publicación popularizó una filosofía radicalmente diferente a la actual: los ordenadores no venían en cajas cerradas de fábrica, sino que se explicaban, se diseñaban y se construían desde cero en los hogares y talleres de los aficionados.
El Junior Computer, detallado en una serie de artículos monográficos publicados por la revista a partir de 1980, supuso un hito técnico por varias razones:
Como documentación de consulta, se conservan y adjuntan los documentos escaneados de la revista Elektor que sirvieron de plano y guía a Jesús Fuentes Garví y a sus hermanos para materializar este ambicioso proyecto en Albacete. Puedes consultar y descargar los fascículos originales de la época desde los siguientes enlaces de la colección:
Esta es la sección más detallada y técnica de la vitrina. El Junior Computer no es un ordenador de consumo cerrado en una caja de plástico moldeado, sino una obra de ingeniería modular ensamblada artesanalmente. Su estructura interna y externa se organiza de manera muy característica en varias zonas bien diferenciadas:
El equipo está montado sobre una estructura de rack industrial adaptada a medida. Si observamos el ordenador de izquierda a derecha, la distribución del hardware es la siguiente:
En la parte posterior de la carcasa metálica se concentran las interfaces de comunicación y periféricos, destacando por su origen industrial y versatilidad:
El sistema opera mediante la interconexión de varias tarjetas de circuito impreso (PCB) diseñadas originalmente por entregas en la revista *Elektor*. Detallamos una a una las placas que conforman el equipo:
PRINTER o trazas de zócalos rotulados como 2 y CASSE) que delatan su naturaleza puramente artesanal y de diseño modular ensamblado a mano.GENERADOR DE CARACTERES / NO GRÁFICO).